Días y noches de acampada:
El silencio ante la injusticia resulta a la histoia de la humanidad lo que la oscuridad al día. Preparémonos pues para la necesaria era de las luciérnagas. Los días, todos los días, son el territorio propicio para escupir luz a quienes vomitan muerte. Hoy, como ayer y mañana, seguiremos sintiéndonos gitanos en el filo de su persecución: jondos de horizonte inabarcable, y también burlones y pícaros en el mandato vital de su supervivencia nómada en un Occidente jodidamente, terriblemente sedentario.
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